El éxito de la enseñanza
de un profesor o de la puesta en marcha de un método viene dado tanto por el conocimiento de los
factores cognitivos, afectivos y sociales que influyen en el proceso de
aprendizaje del alumno, como por saber interconectarlos entre sí.
Desde mi punto de vista, serán los factores afectivos el punto de partida en todo aprendizaje, o al menos de un aprendizaje con éxito. Como bien comentan Arnold y Douglas (2000): "Las técnicas más innovadoras y los materiales más atractivos pueden resultar inadecuados, sino inútiles, debido a las reacciones afectivas negativas que pueden acompañar al proceso de aprendizaje" (p. 257).
Según estos autores, el
factor cognitivo y afectivo van de la mano, y por eso al tratar la dimensión
afectiva en el aula deberemos preocuparnos tanto de solucionar los problemas
que nos crean las emociones negativas como de potenciar las positivas. Métodos
como la sugestopedia, el aprendizaje comunitario o la RFT ya tenían en cuenta
el factor afectivo en los años setenta, así como Krashen y la hipótesis del filtro afectivo. De acuerdo con Ramajo (2009), por un lado, hemos de intentar eliminar
la ansiedad, inhibición, intraversión, esto es, las emociones negativas. Por
otro potenciar las positivas: mediante el entorno, la autoestima, motivación y
las relaciones en el aula.
Todos los
que hemos aprendido idiomas, hemos experimentado situaciones de bloqueo mental
por nervios, momentos de ansiedad por tener que responder en público o
desmotivación por encontrar las clases terriblemente aburridas y monótonas.
Algunas prácticas que podríamos
llevar al aula para reducir el filtro afectivo y, por lo tanto, potenciar un
clima de bienestar para el alumno podrían ser:
1.- Crear un ambiente
agradable mediante la iluminación, disposición de mesas y sillas, uso de música
relajante para comenzar una sesión con técnicas de relajación para dejar fuera
los problemas y sólo preocuparnos del aquí y ahora (mindfulness).
2.- Fomentar un clima de
aceptación que les invite a experimentar (Dufeau, 1994 en Arnold, 2000) habrá
que tener en cuenta el modo en que vamos a tratar el error, fomentar la
autoestima de los estudiantes. Potenciar las relaciones entre el profesor y
alumnos y de alumnos entre sí.
3.- Conseguir encontrar
la motivación del alumno a través de sus necesidades o de sus intereses. Según
Chomsky (1998 en Arnold, 2000) el 99 por ciento de la enseñanza es
despertar esta motivación e interés en el alumno.
El tema es muy amplio,
pero para terminar y ampliar presentamos un video del lingüista Zoltán Dörnyei de una
conferencia en la Universidad de Cambridge donde explica cómo crear ese
ambiente seguro en las aulas de aprendizaje de lenguas. Él mismo, desde el
principio de la conferencia consigue ese ambiente relajado, haciendo reír
continuamente a la gente, mostrándose incluso vulnerable de modo que empatiza
desde el principio con el público, creando un ambiente de confianza. Una clara
puesta en práctica de sus teorías de cómo ha de ser el ambiente en una clase:
There is no tension in the air; students are at ease;
there are no sharp- let alone hostile- comments made to ridicule each
other. There are no put-downs or sarcasm. Instead, there is mutual trust
and respect. No need for anyone to feel anxious or insecure. (Dörnyei,
2001, p.41).
Bibliografía
Arnold, J., y Douglas, H. (2000). El aula de ELE: un espacio afectivo y efectivo. En Arnold, J. (ed.) La dimensión afectiva en el aprendizaje de idiomas, Madrid: Cambridge University Press. Recuperado de https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/publicaciones_centros/PDF/munich_2005-2006/03_arnold.pdf
Dörnyei, Z. (2001). Motivational Strategies in the Language Classroom. Cambridge: Cambridge University Press.
Ramajo, A. (2008). La importancia de la motivación en el proceso de adquisición de una lengua extranjera. (Memoria de Máster). Universidad Antonio de Nebrija, Madrid, España. Recuperado de https://www.educacionyfp.gob.es/dam/jcr:24b70047-b0f7-4eef-97c4-30c4dcf6381d/2009-bv-10-19ramajo-pdf.pdf