sábado, 27 de marzo de 2021

Los factores afectivos en el aula de idiomas

 

El éxito de la enseñanza de un profesor o de la puesta en marcha de un método viene dado tanto por el conocimiento de los factores cognitivos, afectivos y sociales que influyen en el proceso de aprendizaje del alumno, como por saber interconectarlos entre sí.

Desde mi punto de vista, serán los factores afectivos el punto de partida en todo aprendizaje, o al menos de un aprendizaje con éxito. Como bien comentan Arnold y Douglas (2000): "Las técnicas más innovadoras y los materiales más atractivos pueden resultar inadecuados, sino inútiles, debido a las reacciones afectivas negativas que pueden acompañar al proceso de aprendizaje" (p. 257).

Según estos autores, el factor cognitivo y afectivo van de la mano, y por eso al tratar la dimensión afectiva en el aula deberemos preocuparnos tanto de solucionar los problemas que nos crean las emociones negativas como de potenciar las positivas. Métodos como la sugestopedia, el aprendizaje comunitario o la RFT ya tenían en cuenta el factor afectivo en los años setenta, así como Krashen y la hipótesis del filtro afectivo. De acuerdo con Ramajo (2009), por un lado, hemos de intentar eliminar la ansiedad, inhibición, intraversión, esto es, las emociones negativas. Por otro potenciar las positivas: mediante el entorno, la autoestima, motivación y las relaciones en el aula.

    Todos los que hemos aprendido idiomas, hemos experimentado situaciones de bloqueo mental por nervios, momentos de ansiedad por tener que responder en público o desmotivación por encontrar las clases terriblemente aburridas y monótonas.

Algunas prácticas que podríamos llevar al aula para reducir el filtro afectivo y, por lo tanto, potenciar un clima de bienestar para el alumno podrían ser:

1.- Crear un ambiente agradable mediante la iluminación, disposición de mesas y sillas, uso de música relajante para comenzar una sesión con técnicas de relajación para dejar fuera los problemas y sólo preocuparnos del aquí y ahora (mindfulness).

2.- Fomentar un clima de aceptación que les invite a experimentar (Dufeau, 1994 en Arnold, 2000) habrá que tener en cuenta el modo en que vamos a tratar el error, fomentar la autoestima de los estudiantes. Potenciar las relaciones entre el profesor y alumnos y de alumnos entre sí.

3.- Conseguir encontrar la motivación del alumno a través de sus necesidades o de sus intereses. Según Chomsky (1998 en Arnold, 2000) el 99 por ciento de la enseñanza es despertar esta motivación e interés en el alumno.

El tema es muy amplio, pero para terminar y ampliar presentamos un video del lingüista Zoltán Dörnyei de una conferencia en la Universidad de Cambridge donde explica cómo crear ese ambiente seguro en las aulas de aprendizaje de lenguas. Él mismo, desde el principio de la conferencia consigue ese ambiente relajado, haciendo reír continuamente a la gente, mostrándose incluso vulnerable de modo que empatiza desde el principio con el público, creando un ambiente de confianza. Una clara puesta en práctica de sus teorías de cómo ha de ser el ambiente en una clase:

There is no tension in the air; students are at ease; there are no sharp- let alone hostile- comments made to ridicule each other. There are no put-downs or sarcasm. Instead, there is mutual trust and respect. No need for anyone to feel anxious or insecure. (Dörnyei, 2001, p.41).

 




Bibliografía

Arnold, J., y Douglas, H. (2000). El aula de ELE: un espacio afectivo y efectivo. En Arnold, J. (ed.) La dimensión afectiva en el aprendizaje de idiomas, Madrid: Cambridge University Press.  Recuperado de https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/publicaciones_centros/PDF/munich_2005-2006/03_arnold.pdf

 Dörnyei, Z. (2001). Motivational Strategies in the Language ClassroomCambridge: Cambridge University Press.

Ramajo, A. (2008). La importancia de la motivación en el proceso de adquisición de una lengua extranjera. (Memoria de Máster). Universidad Antonio de Nebrija, Madrid, España. Recuperado de https://www.educacionyfp.gob.es/dam/jcr:24b70047-b0f7-4eef-97c4-30c4dcf6381d/2009-bv-10-19ramajo-pdf.pdf


jueves, 11 de marzo de 2021

El buen profesor

 

Fuente:elaboración propia a partir los apuntes de la asignatura “Habilidades docentes 
y gestión del aula de ELE” de la Unviversidad e Nebrija, Madrid.


Mediante la infografía anterior, he querido resumir las competencias que el Instituto Cervantes considera que un profesor de idiomas ha de poseer. De un modo visual y muy resumido, podemos dejar grabadas en nuestra mente las competencias que deberemos trabajar cuando nos encontremos planificando una clase o impartiéndola. Considero muy importante tener siempre presente la necesidad de aplicar todas estas competencias ya que son indispensables si queremos llegar a convertirnos en unos buenos profesionales, y si tuviéramos que eliminar alguna, probablemente no sabríamos cual

No obstante, yo me voy a decantar por elegir aquellas que, en mi opinión, ocuparían el primer lugar y que, sin ellas, las demás me parecen irrelevantes. Desde mi punto de vista, son prioritarias aquellas competencias que implican los factores afectivos en el proceso de aprendizaje, tanto la gestión de las emociones, como el papel motivador del profesor son la base del aprendizaje. Si el docente no consigue motivar y llegar a su alumno, el resto de competencias, recursos o herramientas no servirán de nada. En palabras de Stevick (1980):

El éxito (en el aprendizaje de una lengua extranjera) depende menos de los materiales, técnicas y análisis lingüísticos, y más de lo que sucede dentro de y entre las personas en el aula.

Siguiendo en esta línea, me resulta muy interesante un concepto nuevo, el de docente como “facilitador”, frente a lector y profesor, que nos ofrece Underhill (2000). Este autor hace distinción entre tres tipos de docentes, y el concepto de “facilitador” representa a aquel profesor que incluye la faceta psicológica, aquel  que tiene en cuenta tanto la atmósfera del aprendizaje como los procesos interiores que se producen con el mismo.

 

A futuro, me gustaría pensar en mis capacidades como docente más en una evolución hacia este concepto y no quedarme en profesor. Para ello, de acuerdo con el autor, no debemos perder de vista los siguientes factores:

  • Tener voluntad por formarse y adaptarse
  • Fijarnos una motivación personal por la cual tenemos claro que queremos ser facilitadores y no quedarnos en profesores
  • Invertir tiempo y dinero
  •  Y, sobre todo, la satisfacción del efecto sobre los estudiantes de nuestro modo de actuar

Una vez en el aula, espero no solo poner en práctica esto, sino ampliarlo al papel motivador del profesor, al plano afectivo, un buen docente o facilitador considero ante todo ha de estar él motivado, y después, trabajar en la motivación y necesidades de los alumnos a diario, no sólo necesidades docentes, sino en muchos casos, como con niños y adolescentes las necesidades afectivas, que se sientan valorados y su esfuerzo reconocido.

Para terminar, presento un video de una gran escritora estadounidense, Siri Hustvedt y la importancia de la motivación para ella en su faceta como profesora.

 



  1. Bibiliografía

  2. Stevick, E. (1980) Teaching Languages: A Way and Ways. Rowley, MA: Newbury House.

  3. Underhill, A. (2000) «La facilitación en la enseñanza de idiomas». En Arnold, J. (ed.La dimensión afectiva en el aprendizaje de idiomas. Madrid: Cambridge University Press.

 


Trabajo final: Voces de cine